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Precio:
USD$56.98
Título:
Aquí comiena un Vocabulario de la Lengua Castellana y Mexicana. Imprimiose en la muy gran e insigne y muy leal Ciudad de México, en casa de Juan Pablos, 1555, 8 p. de preliminares r. y v.+ 257 de texto, r. y v.
Autor:
MOLINA, fray Alonso (O.F.M.)
Facsimilar de:
1555
El Vocabulario de Molina es el punto de partida de la lexicología del Nuevo Mundo. Al elaborarlo se inspiró en el Vocabulario de romance en latín de Nebrija, aunque no siempre mantiene sus entradas. Como veremos, la obra de Molina, por sus innovaciones lexicográficas, marca un hito en la lingüística americana e incluso en la lingüística del Renacimiento.
El Vocabulario está impreso en buen papel con bellos grabados y capitulares. Se abre con un interesante prólogo, en el que el autor hace una justificación de la necesidad que tienen los ministros de Cristo de aprender lenguas. A continuación sigue un conjunto de trece "Avisos" en los que explica las reglas que observará en su trabajo, algunas de las cuales contienen reflexiones importantes sobre la estructura del náhuatl. Se presenta después el Vocabulario propiamente dicho, complementado con un apéndice de vocablos "que en última hora se me han ofrescido" y otro sobre la "Cuenta según la lengua mexicana".
Dos innovaciones vale la pena señalar entre otras muchas de interés. La primera es la riqueza léxica. La segunda, la forma de presentar los verbos. Acerca de la primera cabe resaltar que la obra de Molina contiene 13.810 entradas, más 448 correspondientes a los numerales. En total 14,258, 178 más que el de Nebrija. La razón de esta riqueza está en dos hechos: primero en que fray Alonso captó el rico sistema de derivación de nombres verbales, como bien lo dice en el "Aviso primero".
En este primer vocabulario se ponen algunos romances que en nuestro castellano no quadran ni se vsan mucho; y esto se haze por dar a entender mejor la propiedad de la lengua de los indios y assi dezimos abaxador y aunque no se usa en nuestro romance: por declarar lo que quiere dezir esta palabra tlatemouiani, la qual en buen romance quiere dezir el que abaxa algo.
La segunda razón de la riqueza léxica estriba en el enorme número de neologismos: 660 vocablos castellanos correspondientes a conceptos o cosas del Viejo Mundo son vertidos al náhuatl con una o más traducciones. Este número contrasta con el de préstamos del español, 62, en total; e incluso con el de hibridismos, 122. Al crear neologismos, Molina, o bien acepta términos del náhuatl con nueva carga semántica, o, más frecuentemente, inventa otros, incorporando alrededor del verbo pronombres, nombres, y toda clase de partículas, con sus debidas flexiones para dar a entender la propiedad de la lengua, preocupación esencial para él. El corpus de neologismos, que aquí no es posible describir, es una muestra de la capacidad lexicográfica del autor, que en esta tarea estuvo ayudado por uno de los colegiales más brillantes de Santa Cruz de Tlatelolco, el tezcocano
Hernando de Ribas.
La segunda y última innovación de Molina es su forma de presentar los verbos. Como adelanta en el "Aviso quarto", los presenta en estado absoluto, "la substancia y cuerpo del verbo”, precedidos de los pronombres y partículas tal y como son usados al hablar. Esta forma de presentarlos denota una profunda captación de la naturaleza del artificio verbal. Así, en el Vocabulario, a un verbo pueden acompañar combinaciones morfológicas de pronombres tales como éstas: ni- yo; nino-, "yo a mi; nitla-, yo a algo; nite- yo a alguien; nitetla-, yo a algo y a alguien; nic- yo a algo; nicno- yo en algo a mi mismo; nicte-
yo en algo a alguien o a algunos.
Estas dos innovaciones justifican el gran valor del Vocabulario como punto de partida de la lexicografía del Nuevo Mundo y como una de las obras más representativas de su género en el siglo XVI. Este gran valor se incrementó, como veremos en seguida, al aparecer la segunda edición, la que se llamó Vocabulario grande.
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