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Precio:
USD$29.15
Título:
Huey Tlamahuioltica omonexiti in Ilhuicac Tlatoca Cihuapilli Santa María, Totlaçonantzin Gvadalvpe in nican Huey Altepenahuac Mexico itocayocan Tepeyacac. En México, en la Imprenta de Juan Ruiz, 1649, 2 p. r. y v. de preliminares sin numerar + 17 r. y v. de texto + 1 de oración.
Autor:
LASSO DE LA VEGA, Luis
Facsimilar de:
1649
De todos los impresos en náhuatl de contenido religioso que se elaboraron en los siglos novohispanos, ninguno tan henchido de novedad como éste, en el que se narran las apariciones de la Virgen de Guadalupe. Ninguno, además, ha tenido el impacto en la formación de una conciencia nacional guadalupana, que, más allá de una creencia religiosa, es parte esencial de los sentimientos de mexicanidad.
La portada del libro, además de la inscripción en náhuatl, ostenta un grabado de la Virgen de Guadalupe. El largo título se ha traducido al español de la siguiente manera: Se apareció maravillosamente la Reina del Cielo Santa María, Nuestra Amada Madre de Guadalupe, aquí cerca de la ciudad de México en el lugar nombrado Tepeyácac.
Luis Lasso de la Vega era cura vicario y capellán de la ermita de Nuestra Señora de Guadalupe. Sacó su título de Bachiller en la Universidad de México y entre sus actividades pastorales estaba la de predicar en náhuatl; conocía esta lengua a la perfección. Y no sólo la conocía, la tenía en muy alta estima como lo muestra en las dos páginas que, a manera de prólogo, antepuso a la narración. En estas dos páginas, a las que tituló Ilhuicac Tlatoca, "Reina del Cielo", Lasso se dirige a la Virgen y le explica la razón de su escrito en lengua mexicana: "más ha hecho tu amor pues en su lengua llamaste y hablaste a un pobre indio... En lo cual echas de ver que no te desagrada el lenguaje de diversas gentes sino que las haces hablar"... Y más adelante insiste en el aprecio por las lenguas.
Aún hay otra cosa por qué me animé a escribir en idioma náhuatl tu milagro y es lo que dice tu devoto San Buenaventura, que los grandes, admirables y sublimes milagros de Nuestro Señor se han de escribir en diversos idiomas para que los vean y admiren todas las diferentes naciones.
Este aprecio por las lenguas y en concreto por el náhuatl aparece como un motivo importante de su obra; pero el mismo Lasso señala en esta página otro motivo no menos importante y es la perduración del milagro: "para que vean los naturales y sepan en su lengua cuánto por amor de ellos hiciste y de qué manera aconteció; lo que mucho se había borrado por las circunstancias del tiempo".
El texto propiamente dicho empieza con la conocida frase Nican mopohua, "Aquí se cuenta" y, aunque breve, su contenido es muy completo. Está escrito sólo en náhuatl y en forma de diálogo se narra el milagro con mucha fuerza y realismo. Se puede distinguir en él una primera parte en la que se recrea la atmósfera de las cuatro apariciones de la Virgen a Juan Diego; el ir y venir del indígena del Tepeyac a la casa de fray Juan de Zumárraga y, finalmente, el milagro de las rosas y del dibujo de la imagen de la Virgen en el ayate. Esta primera parte termina con la construcción de la Iglesia en el lugar de las apariciones y el principio del culto en la ciudad de México.
En una segunda parte se enumeran los milagros hechos por la Virgen tanto a indígenas como a españoles y se cuenta la vida de Juan Diego, llena de santidad y entrega a la Virgen.
Por último una tercera parte titulada Nican tlantica inittoloca, "Aquí concluye la relación", es una especie de argumentación en pro de la presencia de la Virgen en el Tepeyac. El autor parte del argumento de que aunque no hay más que una Señora del Cielo, "tengan por cierto las gentes de este mundo... que ella misma eligió su asiento y su imagen". Tras este postulado dice que la presencia de la Virgen acompañó a los españoles en la Conquista y uno de los oficiales la escondió en Totoltépec cuando "los mexicanos echaron a los españoles". Después, se dice en el relato, "como en tantas partes, ha hecho aquí en nuestra tierra, la Nueva España". Este pasaje es de gran importancia pues el autor deja ver un cierto afán por ligar apariciones alrededor de la misma Persona, María, y por fundamentar el nuevo culto del Tepeyac. La tercera parte termina con un elogio de la naturaleza milaqrosa de la Virgen y de su capacidad de desterrar idolatrías y fortalecer la fé. El final del libro es una oración en la que está presente como sustrato la Salve y en la que se pide a la Virgen su intercesión para lograr el cielo.
La trascendencia de este texto puede ser valorada desde diferentes ángulos. Ya se anticipó su papel en el nacio- nalismo mexicano y en la vida y la historia del México Independiente. Desde un punto de vista literario, el escrito es una excelente muestra de la persistencia de la pureza y calidad de la lengua náhuatl a mediados del siglo XVII. En los diálogos se recrea el lenguaje elegante y lleno de metáforas del náhuatl clásico, con sus reverenciales, paralelismos y otras formas estilísticas. Incluso algunos giros y metáforas recuerdan el lenguaje de los poemas prehispánicos.
Desde la perspectiva religiosa la narración es profundamente atrayente y no es extraño que acerca de ella se hayan hecho multitud de estudios e interpretaciones a veces apasionadas. Los guadalupanos muy ortodoxos lo consideran un temprano testimoniio de las apariciones y afirman que su autor no es Luis Lasso de la Vega sino Antonio Valeriano, destacado trilingüe del Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco y gobernador de una parcialidad de la ciudad de México. Los que tal piensan afirman que Valeriano dejó el manuscrito a Carlos de Sigüenza y Góngora y éste lo pasó a Fernando de Alva Ixtlilxóchitl quien lo entregó a Lasso de la Vega. Para estos guadalupanistas el mostrar como autor a Valeriano, fortalece la historicidad del texto.
Más allá de la polémica, no es aventurado pensar que Lasso redactase y diera forma al relato sobre las apariciones tomando como base un manuscrito del siglo XVI, quizá de Valeriano y, a la vez, recogiera el sentir popular del culto a la Virgen, ya muy extendido en la conciencia colectiva a mediados del siglo XVII. Hay que tener presente que muchos hechos históricos y religiosos relevantes antes de pasar a la letra escrita vivieron por largo tiempo en la tradición oral, donde fueron recreados y enriquecidos. Es el caso de los poemas homéricos, la Biblia, los cantares de gesta o los romances.
En resumen, el Huey Tlamahuiçoltica; la "Gran Maravilla" es el texto por excelencia de la literatura religiosa novohispana, aportación trascendental en lengua náhuatl al mensaje cristiano y a la identidad nacional; no es extraño que sobre él se escriba sin cesar y que se interprete una y otra vez con amor y pasión.
Existen bastantes ediciones modernas del texto de Lasso de la Vega, algunas de ellas, facsimilares. Las describiré brevemente. La primera es la incluida en el libro del obispo de Cuernavaca Fortino Hipólito Vera titulado La milagrosa aparición de Nuestra Señora de Guadalupe..., Amecameca, 1890. Dato curioso es que en este libro, además del original en náhuatl, se ofrece una traducción al latín hecha por un conocido nahuatlato jalisciense, el Padre Agustín de la Rosa. Cinco años después, este mismo obispo publicó el libro titulado El milagro del Tepeyac en Puebla, y le puso como autor a Antonio Valeriano. Allí incluyó el escrito de las apariciones en náhuatl con una traducción al castellano hecha por Lorenzo Boturini.
En nuestro siglo se hizo la primera facsimilar, ya descrita en la nota 122, traducida al español por Primo Feliciano Velázquez, México, 1926. Velázquez incluyó esta edición en un libro titulado La aparición de Santa María de Guadalupe, México, 1931. A su vez, Alfonso Junco, también incluyó el facsimilar y la traducción de Velázquez en Un radical problema guadalupano, México, 1953. La versión de Primo Feliciano Velázquez ha sido reimpresa dos veces más por el Padre Enrique Torroella, una en 1958 bajo el nombre de Lasso de la Vega y otra en 1961, sin autor y con el título de Nican Mopohua
. Por último el Presbítero Mario Rojas Sánchez hizo una nueva traducción del Huey Tlamahuioltica al español y la publicó con Antonio Valeriano como autor y Nican Mopohua como título, México, 1978.
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